09 Dic ¿Abierto a los cambios?

Hace unos meses comentamos en uno de nuestros artículos, la ‘Guía de Buenas Prácticas’ la limpieza de plantas alimentarias.
En estos meses siguientes hemos podido visitar algunas de ellas, tanto alimentarias como industriales, para analizar, estudiar y proponer soluciones y/o tecnologías adicionales para la mejora de los procesos de limpieza y desinfección. Después de valorar las posibilidades y proponer la incorporación de algunas técnicas y/o tecnologías nuevas para algunos puntos. ¿Podrías adivinar cuántas se han concretado?
Al principio me llamaba mucho la atención y me sorprendía. Ahora ya no. La lentitud y la poca predisposición a los cambios en las empresas acaba siendo, en mi opinión un gran problema. Unido a la comunicación entre personas y/o departamentos. La información en muchas ocasiones llega cortada, sesgada o modificada, con lo que la toma de decisiones acaba no siendo correcta por todas estas circunstancias, y algunas otras no comentadas.
¿Y entonces, cuándo se generan los cambios?… La respuesta es relativamente fácil, normalmente, ¡cuando aparecen los problemas!
La situación es que cuando aparecen problemas, normalmente intervienen las personas con más poder en la toma de decisiones, con lo que la información les llega de forma directa. Unido a que normalmente cuando aparecen problemas, se abren opciones a cambios en busca de la mejora, y todo toma otra velocidad.
Nadie quiere problemas, pero en numerosas ocasiones, acaban apareciendo por esa pasividad.
Ya entendemos que las empresas tienen que estar organizadas, y cuanto mejor organizadas, mejores resultados y más mantenidos en el tiempo. Pero eso conlleva rigidez y bloqueo para implementar cambios o desviarse de lo normalizado. Los presupuestos ajustados y los recortes intentado conseguir más beneficios, nunca son buenos aliados.
Y es precisamente aquí donde las empresas más sólidas marcan la diferencia: en su capacidad para anticiparse. La prevención —y no la corrección— es lo que realmente reduce costes, evita crisis y garantiza la seguridad alimentaria. Sin embargo, para anticiparse hace falta algo más que presupuesto o procedimientos; hace falta CULTURA. Una cultura que premie la iniciativa y no solo la ejecución, que valore la observación y no solo el cumplimiento.
Porque la realidad es que los mejores cambios no nacen de grandes inversiones, sino de pequeñas decisiones diarias: implantar una mejora en un protocolo, adaptar una herramienta, reorganizar un flujo de limpieza, introducir una tecnología sencilla que evite errores humanos. Cambios que, cuando se implementan a tiempo, evitan males mayores.
Pero para lograrlo es imprescindible que la información fluya. Que el operario que detecta una anomalía pueda transmitirla sin miedo ni barreras. Que el responsable de calidad no tenga que “luchar” para justificar una mejora. Que la dirección entienda que invertir en prevención es ahorrar, y no gastar. Cuando la comunicación se rompe, los problemas crecen en silencio hasta que es demasiado tarde.
Y la pregunta que nos deberíamos hacer es:
¿Queremos ser una empresa que cambia por decisión, o una que cambia por obligación?
Las compañías que evolucionan por decisión propia son las que entienden que la limpieza y desinfección no son un trámite, sino un punto crítico estratégico. Son las que apuestan por formación continua, revisiones regulares, auditorías internas sinceras y la adopción de tecnologías que faciliten la vida a sus equipos. Son las que entienden que la seguridad alimentaria no es un coste, sino un seguro.
En cambio, aquellas que esperan al problema para mover ficha, inevitablemente pagan el precio: reclamaciones, retiradas de producto, desgaste del equipo, sanciones, pérdida de confianza.
Y lo peor: la idea de que todo podría haberse evitado.
Por eso, después de estos meses de visitas, análisis y propuestas, nuestra reflexión es clara:
La velocidad del cambio en una empresa es uno de sus mejores indicadores de salud.
Y las que no se atreven a cambiar hoy, mañana probablemente tendrán que correr.
CONCLUSIÓN TÉCNICA
Las plantas más eficientes no son las que tienen más recursos, sino las que poseen procesos flexibles, comunicación clara y una cultura de mejora continua real.
La seguridad alimentaria depende tanto de la tecnología como de la capacidad de una empresa de aplicar cambios antes de que la crisis obligue a hacerlo.
La industria alimentaria es cada día más compleja; seguir confiando en la rutina es un riesgo innecesario.
La anticipación y la adaptación son hoy, más que nunca, ventajas competitivas críticas.
DATOS DEL SECTOR QUE RESPALDAN ESTO
✔ 1. Según la EFSA y la Comisión Europea:
El 37% de las alertas alimentarias notificadas en el RASFF están relacionadas directa o indirectamente con fallos en procesos de limpieza y desinfección.
✔ 2. Estudios de Campden BRI (Reino Unido):
El 80% de las plantas presenta discrepancias entre los POEs y la ejecución real.
El 65% de estos desajustes se debe a falta de comunicación operativa.
✔ 3. ROI en tecnologías de higiene:
- Sustituir un sistema de espuma manual por uno automatizado reduce el consumo de químicos entre 25% y 40%.
- El uso de sensores ATP de última generación reduce el tiempo de verificación en 60% y aumenta la fiabilidad del proceso.
- Las boquillas de alta eficiencia reducen el tiempo de limpieza hasta en un 35% en líneas complejas.
✔ 4. Coste promedio de una retirada de producto en Europa (según Lloyd’s):
Entre 8 y 15 millones de euros, sin contar los daños reputacionales.
Pequeñas mejoras que cuestan cientos o pocos miles de euros, pueden evitar pérdidas millonarias.
No Comments